Marsella tiene 2600 años, y los ha aprovechado para acumular historias. Historias reales, no leyendas de barra de bar (bueno, casi todas: te avisaremos cuando sea una leyenda). Mientras escribíamos nuestra audioguía, rebuscamos en la historia de quince monumentos, y algunas curiosidades de Marsella nos hicieron reír, mientras que otras nos sorprendieron de verdad. Aquí tienes estos datos curiosos de Marsella, para contarlos en la sobremesa, al pie del monumento o en el tren de vuelta.
Cada uno remite a la ficha del monumento en la audioguía de Marsella: un minuto para escuchar allí mismo, con lo que hay que mirar.
- Un rinoceronte está en el origen del Château d'If.
- Los cañones del fuerte Saint-Nicolas apuntaban… a los marselleses.
- La Cité radieuse empezó con un apodo poco halagador: «la maison du fada», la casa del loco.
Griegos, una boda y una posada
1. Marsella habría nacido de una petición de matrimonio
Hacia el 600 a. C., unos marinos griegos llegados de Focea, en Asia Menor, desembarcan en una cala bien resguardada. Cuenta la leyenda que su jefe, Protis, llega justo el día en que Gyptis, la hija del rey local, debe elegir marido durante un banquete. Ella le ofrece la copa al extranjero. El rey regala a la pareja una tierra a orillas del agua: así nace Massalia. Es una leyenda, claro, pero se cuenta desde la Antigüedad, y la cala sí es bien real: es el Vieux-Port, el puerto viejo.
2. Le Panier debe su nombre a una posada
El barrio más antiguo de la ciudad, construido sobre la colina donde se instalaron los griegos, no tomaría su nombre de una cesta de pescador (panier significa «cesta» en francés), sino de una posada del siglo XVII, «Le Logis du Panier». En la place de Lenche, caminas sobre el emplazamiento de la antigua ágora griega. La ficha del Panier te dice qué buscar por el camino, como la Maison Diamantée y su fachada erizada de puntas.
3. Uno de los lugares de culto más antiguos de Francia parece un castillo
Con sus torres y sus muros almenados, la abadía de Saint-Victor tiene toda la pinta de una fortaleza. Y sin embargo, la fundó a principios del siglo V un monje, Juan Casiano: es uno de los lugares de culto más antiguos de Francia. El verdadero tesoro está bajo tus pies, en las criptas: sarcófagos de finales de la Antigüedad y una Virgen negra. Cada 2 de febrero, por la Candelaria, sube hasta allí una procesión antes de la bendición del Four des Navettes, la panadería de al lado.
Reyes que desconfiaban de los marselleses
4. Los cañones del fuerte Saint-Nicolas apuntaban a la ciudad
A la entrada del Vieux-Port, dos fuertes se miran frente a frente. El fuerte Saint-Nicolas se construyó bajo Luis XIV, después de una revuelta de la ciudad contra el poder real. Sus cañones apuntaban… hacia Marsella. El Rey Sol quería vigilar de cerca a unos súbditos demasiado independientes para su gusto. Y los marselleses nunca lo han olvidado del todo.
5. El Château d'If existe gracias a un rinoceronte
En 1516, el rey Francisco I se desvía hasta un islote frente a Marsella para ver un animal extraordinario: un rinoceronte, regalo del rey de Portugal al papa, cuyo barco hace escala allí. El rey admira al animal, pero sobre todo se fija en el emplazamiento, perfecto para defender la rada. La fortaleza se construye a partir de 1529. El Château d'If nunca llegó a ser atacado, así que acabaron convirtiéndolo en prisión.
6. Se visita la celda de un preso que nunca existió
El preso más famoso del Château d'If nunca puso un pie allí: Edmundo Dantés, el futuro conde de Montecristo, es un personaje inventado por Alexandre Dumas en 1844, igual que su vecino de celda, el abate Faria. Eso no impide visitar «sus» celdas, y de hecho es uno de los momentos favoritos de los visitantes. Aquí, la ficción acabó escribiendo la historia del lugar.
Escucha el Vieux-Port, aquí y ahora
Un minuto, gratis, sin app ni registro. Abre la ficha, ponte los auriculares y levanta la vista.
Escuchar el Vieux-Port gratisUn emperador, una Virgen gigante y un arquitecto de 24 años
7. Napoleón III nunca habría dormido en su palacio
El emperador se fija en un promontorio espectacular a la entrada del puerto y se hace construir allí una residencia a partir de 1858: el palacio del Pharo. Según cuenta la historia, nunca llegó a pasar una noche en él. Tras la caída del Segundo Imperio, la emperatriz Eugenia acabó cediéndolo a la ciudad. Los marselleses salieron ganando: el jardín más bonito para ver la puesta de sol.
8. El arquitecto de la Bonne Mère tenía 24 años
Cuando empiezan las obras de Notre-Dame de la Garde, en 1853, su arquitecto, Henri-Jacques Espérandieu, tiene solo 24 años. Después firmará el Palais Longchamp y retomará las obras de la catedral de la Major. Nada mal para empezar una carrera.
9. La «pequeña» Virgen dorada mide más de 11 metros
Vista desde abajo, la estatua que corona el campanario de la basílica parece casi modesta. En realidad mide 11,2 metros y es de cobre recubierto de pan de oro. Los marselleses la llaman simplemente «la Bonne Mère», la Buena Madre. Dentro, busca los exvotos: cuadros de naufragios y maquetas de barcos que dejaron marinos supervivientes y familias agradecidas.
10. La Major eclipsa a su hermana pequeña
Luis Napoleón Bonaparte coloca la primera piedra de la catedral de la Major en 1852, y las obras duran más de cuarenta años. El resultado es una de las catedrales más grandes de Francia. Para hacerle sitio, se derribó gran parte de la antigua catedral románica. Queda un fragmento, la «Vieille Major» (la Major vieja), acurrucado a sus pies: la diferencia de tamaño impresiona.
Nombres que huelen a cuerda
11. La Canebière debe su nombre al cáñamo
La avenida más famosa de Marsella toma su nombre del «canebe», el cáñamo en provenzal. Aquí trabajaban los cordeleros, que fabricaban las cuerdas de los barcos. Los marselleses sienten por ella un orgullo tenaz, resumido en una frase célebre: «Si París tuviera una Canebière, sería una pequeña Marsella». En la parte baja de la Canebière, el Palais de la Bourse alberga la cámara de comercio más antigua de Francia, creada en 1599.
12. El Vallon des Auffes, también
La misma historia de cuerdas un poco más allá, en la Corniche: el Vallon des Auffes debe su nombre a los «auffes», unas plantas de las que se sacaban fibras para fabricar cuerdas y redes. Este pequeño puerto de pescadores escondido bajo un puente en arco es hoy uno de los rincones más fotografiados de la ciudad, con sus barcas tradicionales, los «pointus».
13. El barrio del arte urbano era el mercado mayorista
Hasta principios de la década de 1970, el Cours Julien acogía el mercado mayorista de frutas y verduras: camiones, carretas y cajas toda la noche. Cuando el mercado se traslada a las afueras, artistas, libreros, bares y pequeñas salas de conciertos ocupan su lugar, y después los muros se cubren de murales. Cambian sin parar: vuelve dentro de seis meses y nada será igual.
Una ciudad con sed y la casa del loco
14. Un palacio entero para celebrar la llegada del agua
En el siglo XIX, Marsella sufre una grave falta de agua, y el cólera hace estragos. La ciudad excava entonces un canal de unos 80 kilómetros para traer el agua del Durance. Para celebrar su llegada, se regala un palacio, con una cascada monumental y cuatro toros esculpidos: el Palais Longchamp, inaugurado en 1869. Pocas ciudades han dedicado un monumento tan grandioso a su agua corriente.
15. La Cité radieuse fue primero «la casa del loco»
Cuando Le Corbusier termina su «ciudad vertical» en 1952, con 337 apartamentos, calles comerciales en el interior y una escuela en la azotea, a muchos marselleses la idea les parece una locura. Apodan el edificio «la maison du fada»: fada significa «loco» en provenzal. Desde 2016, la Cité radieuse está inscrita en el Patrimonio Mundial de la Unesco. Sus vecinos se han quedado con la última palabra.
Extra: el monumento barroco más bonito de la ciudad servía para encerrar a los pobres
En el siglo XVII, el rey ordena encerrar a los mendigos, y Marsella les construye un hospicio según los planos de Pierre Puget. Resultado: tres pisos de galerías con arcadas en piedra ocre alrededor de una capilla con cúpula ovalada, de una belleza casi desconcertante para semejante uso. La Vieille Charité alberga hoy museos, y su patio es uno de los rincones más tranquilos del Panier.
Escucha estas curiosidades de Marsella allí mismo
Estas historias las contamos en un minuto en nuestra audioguía de Marsella, justo cuando estás delante del monumento, con lo que hay que mirar: tu reflejo bajo la Ombrière, los exvotos de la Bonne Mère, las sombras de la celosía del MUCEM. En texto y en audio, en cinco idiomas y sin app.
Cuatro monumentos son gratis: el Vieux-Port, Notre-Dame de la Garde, la Vieille Charité y el MUCEM. Los otros trece están en la guía completa. Y si la historia te apasiona, nuestro artículo sobre la historia de Marsella lo pone todo en orden, de los griegos a hoy.
Los otros 16 monumentos, y todo lo demás
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Desbloquear la guía completaPreguntas frecuentes
¿Cuál es la leyenda de la fundación de Marsella?
Hacia el 600 a. C., el griego Protis, llegado de Focea, desembarca el día en que Gyptis, hija del rey local, debe elegir marido. Ella le ofrece la copa, y el rey regala a la pareja la tierra donde nace Massalia, alrededor del actual Vieux-Port. Es una leyenda que se cuenta desde la Antigüedad.
¿Por qué los cañones del fuerte Saint-Nicolas apuntan hacia la ciudad?
El fuerte se construyó bajo Luis XIV, tras una revuelta de Marsella contra el poder real. Debía vigilar la ciudad tanto como defender el puerto, de ahí que sus cañones apuntaran hacia Marsella.
¿El conde de Montecristo estuvo preso de verdad en el Château d'If?
No. Edmundo Dantés y el abate Faria son personajes inventados por Alexandre Dumas en 1844. En cambio, el Château d'If sí fue una prisión de Estado durante siglos, y allí se visitan celdas presentadas como las suyas.
¿De dónde viene el nombre de la Canebière?
Del «canebe», el cáñamo en provenzal. Los cordeleros que fabricaban las cuerdas de los barcos trabajaban en este barrio.
¿Por qué a Notre-Dame de la Garde la llaman «la Bonne Mère»?
«La Bonne Mère», la Buena Madre, es el apodo cariñoso que los marselleses dan a la Virgen dorada que vela por la ciudad y por los marinos desde lo alto de la colina. Por extensión, designa a toda la basílica.